El Centro de Historia de Zaragoza acoge, del 3 de diciembre al 21 de febrero, una exposición pionera sobre la evolución del videojuego, en la que se pueden encontrar desde consolas de los años 80 a las últimas tendencias e incluso productos que aún no se han comercializado.

“La vida es juego”, título de la muestra, es una exposición única en España, según explicó uno de sus comisarios Luis García, en una rueda de prensa. El objetivo de la muestra es atraer a personas de distintas generaciones, como pueden ser padres e hijos, ya que los primeros vieron nacer las consolas, pero en muchos casos se han desvinculado de su evolución, mientras que los niños conocen las últimas novedades, pero no saben de donde provienen.

García ha afirmado que esta industria está en alza y que sus cifras superan a las del cine y a las de la música, ya que los ha “fagocitado”.

En 2007 España fue el sexto país que más videojuegos consumió, generando un movimiento de 700 millones de euros frente a los 600 de la industria cinematográfica.

También ha destacado la importancia del proceso del lanzamiento de este tipo de productos para su éxito comercial, así como la mercadotecnia o las ediciones de lujo que genera.

Wii, monopatines, PSP…

En la muestra se pueden encontrar desde la Magnavox Odyssey de 1972, la Sega Master System de 1985, así como la Super Nintendo, la Sega Megadrive o la Sony Playstation de la década de los 90, la Wii e incluso un monopatín que no se comercializará en España hasta finales de marzo.

También el videojuego “Indiana Jones and the fate of Atlantis” que se compraba en discos de tres pulgadas y media, juegos para la Game Boy, como el tradicional tetris o el “Super Mario Bros”, son otras de las reliquias que se pueden ver en la muestra.

Juegos de conducción, sagas deportivas, estrategia en tiempo real, juegos musicales y ejercicios para mejorar la coordinación son algunas de las temáticas que abarca este tipo de ocio interactivo.

La exposición también cuenta con una zona de juegos, en la que los aficionados puede introducirse en el mundo virtual adoptando el papel de un empresario del mundo de la comida rápida hasta meterse en la piel de un terrorista.

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Dau al set (la apuesta a la séptima cara del dado) el grupo artístico que en 1948 decidió tender un puente con las vanguardias europeas desde la España aislada, sólo había salido de Barcelona en 1953 para una exposición en Madrid. Ahora, Ibercaja trae a Zaragoza una muestra itinerante con 40 obras de los entonces jóvenes pintores Joan Ponç, Antoni Tàpies, Modest Cuixart y Joan-Josep Tharrats, que podrás visitar hasta el 13 de diciembre. También exhibe poemas visuales y un filme de Joan Brossa, así como los textos del filósofo Arnau Puig y Juan Eduardo Cirlot para la revista Dau al set, que puede contemplarse en todos sus números.

El lugar de encuentro de aquellos jóvenes cultos fue la Plaza Molina, nada sospechoso para la vigilancia policial porque era un sitio de pulular juvenil y de encuentro de novios. Una publicación efímera, la revista Algol (el nombre del Diablo para una estrella intermitente) en la que escribieron Brossa, Arnau Puig y Ponç, en 1946, les puso en relación con Tàpies y con Cuixart, el más culto de todos, influenciado por Dalí y por Klee. En 1948 llega Tharrats, editor e impresor.

Intercambiaban ideas e inquietudes, los pintores rivalizaban entre sí por ir cada vez más lejos en una línea que retomaba el surrealismo de los años 30, pero que encontraba en Miró y en Klee sus referentes de postguerra, sin dejar de lado la música tímbrica y atonal, de la mano de Cirlot, además del cine y sus aledaños.

Todos expresaban un mundo interior a través de escenas de carácter fantástico desarrolladas en una atmósfera mágica y surreal mediante líneas puras. Las trazaban de forma automática. Acabaron elaborando su revista, elaborada a mano, que se editó regularmente hasta 1951, año en que el grupo se disgregó.

La exposición de Ibercaja se abre a la obra de los pintores y a la historia y el contenido de la revista Dau al Set, en espacios contiguos pero bien diferenciados. Ponç fue el que salió primero con su surrealismo onírico de paisajes alucinantes que admitían leyendas imaginarias. Cuixart se inspiró más en Miró y en el expresionismo alemán para resolver sus imágenes llena de fantasía. Tàpies puso sus dotes de dibujante al servicio de imágenes evasivas en el seno de atmósferas oscuras y luces fosforescentes, que denotan silencio. Tharrats mostró sus esquemas radiantes. En todos ellos predomina lo misterioso, lo oscuro, lo intermitente.

Septiebre en Desafinado Café

septiembre 16, 2009

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El Palacio de Sástago invita a los zaragozanos a danzar alrededor de las esculturas y dibujos de Jorge Oteiza, para profundizar en su obra y conocer el trabajo del polifacético creador vasco. Las salas superiores del Palacio muestran hasta el 20 de septiembre la exposición ”Jorge Oteiza”.

La muestra, que reúne una treintena de dibujos y cerca de veinte esculturas, ha sido presentada  por el director del Área de Cultura y Patrimonio de la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ), Alfredo Romero, el comisario de la exposición, Ricard Mas, y el director de la Galería Windsor Kulturgintza de Bilbao, Roberto Sáez de Gorbea.

Esta exposición reúne un muestrario “preciso” de la obra de este creador y ofrece “una gran selección del trabajo creativo” de Jorge Oteiza (Orio, 1908 – San Sebastián, 2003), un hombre polifacético “que murió hace seis años sin ver realizada su gran obra: la Fundación Oteiza”, apuntó Alfredo Romero.

Para Ricard Mas, se trata de una muestra “de gabinete, pequeña, para ser contemplada en la intimidad” y que invita “a danzar alrededor de los dibujos y esculturas para entenderlos”, para ahondar en las formas y vacíos de Oteiza, unas obras de una “pureza extrema” a las que el espectador debe “acercarse y sumergirse”.

Mas recordó a Oteiza como un “tipo polémico, a pesar de la tranquilidad e indiferencia que se desprende de sus obras”, también como un hombre “generoso, con una humanidad sin parangón”, un autodidacta e “investigador de la nada”, en cuyo trabajo quedó implícita “toda la cultura vasca”, agregó Roberto Sáez. Como ejemplo, su escultura del frontón vasco, una pieza “que encandiló al mundo del arte” y que puede observarse en el Palacio de Sástago.

Roberto Sáez remarcó que en esta exposición se reúnen piezas de una colección privada, con un gran número de obra sobre papel, que es “quizá lo menos conocido de Oteiza”, y también una gran cantidad de esculturas “didácticas”, que suponen un “valor añadido” para la muestra, ya que permitirán al espectador “entender mejor su trabajo”.

De esta forma, la exposición repasa todas las épocas del creador vasco, desde sus inicios en los años 30 y 40, hasta sus últimos trabajos, con una serie de obras “que hablan por sí mismas”, valoró Sáez. 

‘Jorge Oteiza’ se expone en las salas superiores del Palacio de Sástago, de la Diputación de Zaragoza, hasta el 20 de septiembre, de martes a sábados, en horario de 11.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00 horas, y los festivos, de 11.00 a 14.00 horas. Además, en las salas inferiores se puede disfrutar con las obras pictóricas del artista aragonés Vicente Pascual, en la muestra ‘Opusculum, 1989-2008’. 

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Nadie discute ya los nombres de Basquiat, Haring o Pettibon, los graffiteros neoyorkinos de los años 80 que ya tienen sus obras en los museos de arte contemporáneo de todo el mundo. Ese universo que abrió el Pop Art de Andy Warhol en los 60-70, basado en la cultura de consumo de masas no ha parado de crecer.

La exposición-instalación USA today, en el Centro de Historia de Zaragoza, explora el reciente trabajo de medio centenar de artistas visuales surgidos en la cultura independiente de la década de los 90, en torno a las escenas del skate, surf, graffiti, punk y hip hop.

La productora Contemporánea afincada en Granada ha seleccionado a 50 artistas de esta nueva generación que tiene ahora como epicentro a la ciudad californiana de San Francisco. Todos surgen de la calle, captan todos los lenguajes y se aposentan en el mundo del arte bajo dos estigmas: no tener estudios académicos y ser absorbidas sus creaciones por el mundo comercial a velocidades vertiginosas. El sistema los atrae para beneficiarse de su talento.

“Aparecer en revistas americanas que se distribuyen y son referencia en todo el mundo es la mejor lanzadera a la gloria”, señala Mario Martín Pareja, comisario de la muestra. Dior vende barras de labios de color negro, copiando al punk. Adidas lanza ediciones limitadas de zapatillas o Kalvin Klein de camisetas con los nuevos iconos lanzados por talentos callejeros.

Ryan Mc Guinnes era un patinador que fue adquirido por Sacci. La bicicleta de Barry Mc Gee sólo tiene 20 ejemplares en todo el mundo (uno de ellos, en esta exposición). Este artista callejero ya figura en los museos del mundo.

El arte ha adoptado nuevos soportes: se crea sobre tablas, zapatillas, mochilas, gorras o pegatinas; y los nuevos motivos van desde los apaches y la Luna como iconos americanos (Steven Harrington); la complejidad del entorno urbano y las personas en las que normalmente uno no recae (Evan Hecox). O el mismo presidente Obama, cuyo retrato, obra de Shephard Fairey (OBEY) a tres tintas, aparecido en la portada del Time, ya tiene la misma categoría universal que el del Che Guevara. Un ejemplar de la edición limitada ya vale 15.000 euros.

La exposición muestra en un vídeo al performer Mark Gonzáles recorriendo sobre un monopatín las salas de un museo en Alemania, o una escultura orgánica de Marc Ryden junto a sus pinturas fantásticas e inquietantes con personajes infantiles. Mike Mills ha borrado con una mancha roja el rostro Warholiano de Marilyn, y sobrepone esta frase: Los policías están entre nosotros.

La instalación (en la gruta de la planta sótano) se compone de más de 30 tablas de skate: una selección de medio centenar de productos de ropa, una recopilación de vídeoclips, cortos, spots publicitarios y vídeos de skate y surf, así como publicaciones, posters y fotografías.

Lugar:
Centro de Historia de Zaragoza (Plaza San Agustín 1, Zaragoza)

Horario:
Martes a sábado de 10 a 14 y de 17 a 21h. Domingos de 10 a 14h

Fecha:
Del 27 de Agosto al 1 de Noviembre de 2009 

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Julián Gil acerca hasta el 2 de agosto P. A. C. (Proporciones Áureas en el Cuadrado) al Museo Camón Aznar, una exposición que ofrece la oportunidad de contemplar la obra de un pintor geométrico, centrado en un trabajo que representa la evolución más actual del constructivismo. A través de cuarenta y nueve obras, Julián Gil exhibe su calculada obra pictórica, compuesta por el análisis de las estructuras formales, que revisadas serialmente, se someten a diferentes variaciones de su estructura y sus coloridos.

La muestra está compuesta por dos series. En la primera, el artista propone diferentes estrategias constructivas y con cada una de ellas se realiza un conjunto de obras relacionadas entre si que recuerdan a una familia de obras. En la segunda serie, en la que cada cuadro está pintado con tan solo dos colores, Gil establece las diferencias proporcionales áureas en la estructura del cuadro que utiliza como punto de partida. La muestra pertenece al final de un periodo artístico del pintor que recientemente cumplió 70 años. Gil explicó que su obra “es arte concreto más que pintura geométrica”. “Es un arte que no parte del exterior, como la pintura figurativa, sino que parte del interior del artista”, comentó el pintor para añadir que su obra es “realismo real, es decir, el cuadro es la realidad”. Tanto el color como la estructura de sus cuadros se basan en “contenidos personales y vitales”, y recalcó que es cada artista quien “decide e integra elementos en la obra según su sensibilidad”.

Los cuadros de Julián Gil tienen un contenido clásico, meditativo y silencioso, donde logra el máximo clasicismo, rigor, talante introspectivo, pasión geométrica y coherencia creativa que hacen del artista una referencia contemporánea de una tradición cuyos precursores fueron Picasso y Juan Gris.