Dau Al Set en el Centro de Exposiciones de IberCaja

octubre 11, 2009

dau

Dau al set (la apuesta a la séptima cara del dado) el grupo artístico que en 1948 decidió tender un puente con las vanguardias europeas desde la España aislada, sólo había salido de Barcelona en 1953 para una exposición en Madrid. Ahora, Ibercaja trae a Zaragoza una muestra itinerante con 40 obras de los entonces jóvenes pintores Joan Ponç, Antoni Tàpies, Modest Cuixart y Joan-Josep Tharrats, que podrás visitar hasta el 13 de diciembre. También exhibe poemas visuales y un filme de Joan Brossa, así como los textos del filósofo Arnau Puig y Juan Eduardo Cirlot para la revista Dau al set, que puede contemplarse en todos sus números.

El lugar de encuentro de aquellos jóvenes cultos fue la Plaza Molina, nada sospechoso para la vigilancia policial porque era un sitio de pulular juvenil y de encuentro de novios. Una publicación efímera, la revista Algol (el nombre del Diablo para una estrella intermitente) en la que escribieron Brossa, Arnau Puig y Ponç, en 1946, les puso en relación con Tàpies y con Cuixart, el más culto de todos, influenciado por Dalí y por Klee. En 1948 llega Tharrats, editor e impresor.

Intercambiaban ideas e inquietudes, los pintores rivalizaban entre sí por ir cada vez más lejos en una línea que retomaba el surrealismo de los años 30, pero que encontraba en Miró y en Klee sus referentes de postguerra, sin dejar de lado la música tímbrica y atonal, de la mano de Cirlot, además del cine y sus aledaños.

Todos expresaban un mundo interior a través de escenas de carácter fantástico desarrolladas en una atmósfera mágica y surreal mediante líneas puras. Las trazaban de forma automática. Acabaron elaborando su revista, elaborada a mano, que se editó regularmente hasta 1951, año en que el grupo se disgregó.

La exposición de Ibercaja se abre a la obra de los pintores y a la historia y el contenido de la revista Dau al Set, en espacios contiguos pero bien diferenciados. Ponç fue el que salió primero con su surrealismo onírico de paisajes alucinantes que admitían leyendas imaginarias. Cuixart se inspiró más en Miró y en el expresionismo alemán para resolver sus imágenes llena de fantasía. Tàpies puso sus dotes de dibujante al servicio de imágenes evasivas en el seno de atmósferas oscuras y luces fosforescentes, que denotan silencio. Tharrats mostró sus esquemas radiantes. En todos ellos predomina lo misterioso, lo oscuro, lo intermitente.

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