“La Tierra es un planeta vivo que se modifica a sí mismo. El problema es que ahora le quitamos sus propias armas para defenderse”

julio 17, 2008

Antes los desastres se interpretaban como castigo divino, hoy son de la naturaleza. ¿Son maneras de sacudirnos la culpa?
MJé (Manos Unidas).- Está claro que es responsabilidad de todos, que debemos ser más austeros y menos derrochadores. España se está secando y, aunque no fuera así, el mundo no se acaba en Cádiz o en el Pirineo. Hay que tener claro que todo lo que hacemos, nuestro modo de vida, afecta a los demás.

¿Podemos cambiar nuestra actitud?
MJé (Manos Unidas).- Por ejemplo, aquí en El Faro, en el espacio Implícate, invitamos a los visitantes a suscribir un manifiesto que se enviará al gobierno de España, a la Unión Europea y a Naciones Unidas y en el que se exige el acceso al agua para todo el mundo. ¿Te puedes creer que mucha gente no quiere firmar? No se dan cuenta de que con ese simple gesto se pueden hacer grandes cosas. A diario recibimos en nuestro correo electrónico campañas de recogida de firmas que pueden cambiar el mundo.

Por ejemplo…
MJé (Manos Unidas).- Se evitan lapidaciones, se promueven leyes… Internet es efectivo. Además, no somos conscientes de la fuerza que tenemos como consumidores. Recuerdo el boicot que se hizo en el norte de Europa a los productos Nestlé para que la compañía condonara la deuda de varios millones de dólares a Etiopía. Al final no sólo se consiguió que no tuviera que pagar, si no que la empresa, ante la presión de la opinión pública, decidió invertir esa misma cantidad en educación para los etíopes. De acuerdo que puede ser un lavado de cara, pero sirvió para que durante cuatro años los niños fueran a la escuela. Pero cambiar de actitud es complicado: cuanto más te acomodas, es más difícil que te movilices.

¿Con quién hay que trabajar para elaborar estrategias frente a los desastres?
M.J.I. (Ayuda en Acción).-En el terreno hay equipos profesionales especializados formados por líderes locales. Por otro lado, trabajamos con la Agencia Española de Cooperación Internacional, así como con la Agencia Catalana de Cooperación, con quienes hemos incidido para que incluyan en su plan director la reducción de riesgos, y lo hemos conseguido, mientras que a nivel de países que se ven afectados, unos son más receptivos que otros. Tenemos muy buenas experiencias con Bangladesh, un país muy afectado por ciclones, inundaciones y terremotos. Hay buena comunicación con el Gobierno, sin embargo, aun así es difícil.

¿Qué efectividad tiene el Marco de Acción de Hyogo?
MJé (Manos Unidas).- El Marco de Hyogo fue un tratado firmado y aprobado en 2005 en Japón entre 168 países en el que se comprometieron a introducir en las políticas públicas los conceptos de prevención y evaluación de riesgos, así como la manera de enfrentar los desastres o los modos de actuación tras una crisis. En definitiva, comprende una serie de principios que debería respetar toda la comunidad internacional con el fin de, en consonancia con la Estrategia Internacional de Reducción de Desastres, hacer presión para que estos principios se respeten.

¿Se cumplen sus preceptos?
Esta estrategia pertenece a la Organización de Naciones Unidas, ONU, pero este organismo internacional tiene el papel de consultoría, sin capacidad sancionadora. El Marco de Hyogo, al ser una estrategia y no un acuerdo, funciona actualmente como base para la elaboración de informes para identificar los elementos de riesgo para diferentes comunidades, y determinar qué se puede hacer, qué políticas seguir o el cómo intervenir. Bien es cierto que, poco a poco, los países con mayor riesgo van tomando iniciativas preventivas pero estas son promovidas sobre todo por las propias comunidades.

¿Cree que existen políticas adecuadas de cooperación por parte del Gobierno español?
MJé (Manos Unidas).- España mantiene políticas de cooperación a través de créditos FAD, Fondos de Ayuda al Desarrollo, y créditos CESDE, a través de los que España se convierte en acreedor y avalista de las deudas que diferentes países contraen. Sin embargo, los créditos y la deuda son una trampa. Lo único que se consigue es aumentar la deuda de estos países, y recuperar más dinero del invertido en cooperación. Aunque, por otro lado, es cierto que hay una cierta conciencia. De hecho, se va a plantear una revisión en el Plan Director de la Cooperación Española para el 2009- 2013, y desde la administración pública se escucha a la sociedad civil a la hora de plantear las estrategias en cooperación. Pese a esta ‘cierta conciencia’ existe un problema, y es que lo que España invierte en cooperación depende los ministerios de Cooperación, Medio Ambiente, ahora también de Medio Rural y Marino, el Ministerio de Industria, de Asuntos Exteriores y de Interior, cada uno con sus propios intereses.

¿Qué tratáis de volcar en el Faro?
MJé(Manos Unidas).- En octubre del 2006, Manos Unidas fue invitada a participar en este proyecto. El Faro representa la posibilidad de estudiar el trabajo de otros y que los demás conozcan el nuestro. Este pabellón se ha planteado como un lugar de encuentro e intercambio, un foro para nuestros colaboradores, en el que podemos darles voz. El Faro es un buen ámbito para avanzar en el conocimiento de lo que supone el desarrollo, teniendo en cuenta el significado de no tener lo básico para vivir y lo que cuesta el agua, y es que hay 1.000 millones de personas que, a día de hoy, se están muriendo de sed. Y mostramos el trabajo de la gente del Sur, que es mucho más importante que hablar de la labor de las organizaciones a título individual.

¿Cada vez hay más catástrofes?
MJé (Manos Unidas).- La Tierra es un planeta vivo que se modifica a sí mismo. Eso ha sucedido siempre. El problema es que ahora le quitamos sus propias armas para defenderse. Las desgracias se suceden cada vez más a menudo porque el ser humano, en muchas ocasiones, ubica mal sus asentamientos.

España es una buena muestra de ello.
MJé (Manos Unidas).- Uno de los casos más evidentes es la costa de Levante, con muchas zonas de desahogo de los ríos que están urbanizadas. Invadimos el espacio del mar y luego nos llevamos las manos a la cabeza porque se inunda. Lo mismo sucede con las pistas de esquí que se construyen en zonas de deslave del monte. En otras ocasiones nos trasladamos y edificamos en lugares fértiles, como las riberas de los ríos, en lugar de destinarlos al cultivo.

¿Estamos a salvo de los desastres ‘naturales’ en las ciudades?
MJé (Manos Unidas).- Cada vez se desplaza más población hacia las grandes urbes porque en el campo se agotan las oportunidades debido a numerosos factores: deforestación, violencia, etc. Los asentamientos en las ciudades no se regulan y eso, sumado a la vivienda precaria es un factor de riesgo tremendo. Por ejemplo, Lima tiene un perímetro de unos 30 kilómetros de casas construidas con esteras. Normalmente no llueve, pero el día que lo haga morirán todos como chinches. Lo mismo sucede en las grandes ciudades de la India como Calcuta y Bombay.

Algunos llegarán allí desplazados por otros desastres ‘naturales’.
MJé (Manos Unidas).- Así es. Está aumentando mucho el número de desplazados por sequías e inundaciones, provocadas en muchas ocasiones por la mano del hombre. Desde 1980 hasta finales de los años 90 los desastres han hecho a emigrar más de 25 millones de personas. Y no sólo eso, también han provocado más de medio millón de muertes. Aunque este año probablemente nos salgamos de la media: en lo que llevamos han fallecido según la ONU más de 150.000 personas. Y eso que son los datos oficiales, que siempre dejan de registrar a los indocumentados.

¿En qué se diferencia una víctima de un desastre de una de un conflicto armado?
MJé (Manos Unidas).- En una guerra, los muertos son por goteo pero constantes. Sin embargo, en un momento extremo puede haber 250.000 damnificados de golpe, como sucedió en Myanmar y el Sudeste Asiático. Pero al final las cifras de muertos son similares. En todo caso, a la víctima de una catástrofe ‘natural’ le suele suceder que no tiene territorio al que volver porque todo queda destrozado.

¿En España deberíamos comenzar a elaborar un plan de gestión de riesgos de catástrofes naturales?
MJé (Manos Unidas).- Hace poco, un alto representante del ministerio de Medio Ambiente (Medio Rural y Marino) comentó en su visita al Pabellón de las Iniciativas Ciudadanas que “deberíamos habilitar un plan de riesgos ya”, por lo que intuyo que desde el Gobierno están trabajando en ello. Pero yo creo que lo que de verdad deberíamos hacer es cambiar las prácticas generadoras de riesgo.

Para que no sucedan más desgracias como la que tuvo lugar ese fatídico 7 de agosto de 1996 en Biescas…
MJé (Manos Unidas).- Lo peor de todo es que esas 87 muertes eran completamente evitables. Si te pones delante de un camión, es probable que te mate. Lo mismo sucedió allí, era algo obvio pero falló la evaluación. Y es muy duro pensar que todavía quedan muchos campings como ese.

¿Qué país es paradigmático por su buena gestión de desastres?
MJé (Manos Unidas).- Sin duda, Japón. Sufre todos los terremotos, ciclones, está situado sobre el borde de una plataforma continental y aun así no suelen tener que lamentar víctimas mortales. La población está muy sensibilizada. Ya desde la escuela se introduce información en los planes educativos.

¿El nivel de desarrollo de un país está relacionado con el número de víctimas que se producen cuando sucede un desastre de este tipo?
MJé (Manos Unidas).- Suele suceder que los países más desarrollados tengan menos víctimas mortales que los que no, pero tiene más que ver con lo preparada que esté la gente. En las naciones más pobres el grado de vulnerabilidad viene de la mano de la vivienda precaria, de que los gobiernos no avisan de la amenaza y la coordinación falla. Peor existen casos en los que un país como Cuba da una lección a EE UU. En el país caribeño el ejército se moviliza, evacua, todo el mundo sabe lo que tiene que hacer, y por lo general no muere casi nadie. Sin embargo, lo que sucedió en Nueva Orleans tampoco fue casual. La mayoría de la población era afroamericana y con pocos recursos, por lo que el ejército estadounidense no se movilizó a tiempo y los planes de evacuación llegaron tarde.

Texto: Manuel Lauisión y Blanca Efedaque

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